Los problemas ya no terminan dentro de un área

Esta semana quiero compartirte un cambio que está modificando el trabajo de muchos líderes: los problemas más importantes de las empresas ya no terminan dentro de un área.

Esta semana quiero compartirte un cambio que está modificando el trabajo de muchos líderes: los problemas más importantes de las empresas ya no terminan dentro de un área.

Esta semana quiero compartirte un cambio que está modificando el trabajo de muchos líderes: los problemas más importantes de las empresas ya no terminan dentro de un área.

A person using a laptop while sitting in front of windows.

David Canteros

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Seguimos organizando las empresas en áreas: Marketing, Finanzas, Tecnología, Operaciones, Recursos Humanos. Cada una tiene sus objetivos, responsabilidades y equipos. Esa forma de organizarnos sigue siendo necesaria para distribuir el trabajo y saber quién responde por qué.

Pero muchos de los desafíos que hoy definen los resultados atraviesan esos límites. Mejorar la experiencia del cliente, incorporar inteligencia artificial, reducir costos sin perder capacidad o transformar un proceso difícilmente pueda resolverse desde una sola función. Cada área puede tener una parte de la solución sin que ninguna controle la solución completa.

Para pensar

Organizar una empresa en áreas resuelve un problema necesario: permite dividir el trabajo. Alguien se ocupa de Marketing, alguien de Finanzas, alguien de Tecnología, alguien de Operaciones. Cada función desarrolla conocimiento, concentra determinadas decisiones y tiene responsabilidades relativamente claras.

La dificultad aparece cuando usamos esos mismos límites para mirar problemas que no fueron construidos de esa manera.

Pensá, por ejemplo, en mejorar la experiencia de un cliente. Marketing puede entender mejor sus necesidades. Tecnología puede modificar una plataforma. Operaciones puede revisar cómo se entrega el servicio. Finanzas puede evaluar determinadas decisiones y Comercial aportar lo que escucha todos los días.

Ninguna de esas áreas tiene “el problema”. Todas tienen una parte.

Y ahí aparece una tensión que cambia bastante el trabajo cotidiano: la estructura distribuye responsabilidades por áreas, pero muchos resultados importantes se producen entre ellas.

Eso significa que podés estar gestionando muy bien aquello que tenés a cargo y, aun así, no conseguir el resultado que necesitás.

No necesariamente porque alguien esté haciendo mal su trabajo. El problema puede ser que cada parte esté tomando decisiones razonables desde su propia responsabilidad y que, cuando esas decisiones se encuentran, no produzcan el resultado que la empresa necesita.

Ahí gestionar mejor tu área tiene un límite.

Podés ordenar prioridades, distribuir responsabilidades, hacer seguimiento y mejorar la ejecución de tu equipo. Pero si para avanzar necesitás que otra área cambie una prioridad, que dos equipos acuerden un criterio o que alguien tome una decisión sobre la que no tenés autoridad, intensificar la gestión dentro de tu equipo no necesariamente modifica lo que está frenando el resultado.

Incluso puede ocurrir algo paradójico: cuanto mejor gestionás tu parte, más evidente se vuelve que el problema ya no está solamente ahí.

Por eso, una parte del trabajo del líder empieza a cambiar cuando el resultado depende de varias funciones. Ya no alcanza con preguntarse qué tiene que hacer mejor su equipo. También necesita entender qué conexiones requiere el problema completo: quién tiene información relevante, qué decisiones están relacionadas, dónde existen prioridades diferentes y qué personas necesitan trabajar juntas para que algo avance.

No se trata de abandonar la gestión ni de involucrarte en todo lo que sucede fuera de tu área.

Se trata de reconocer que la frontera de tu responsabilidad formal y la frontera del problema que necesitás resolver pueden no coincidir.

Y cuando eso ocurre, seguir trabajando solamente dentro de la primera puede dejar intacta una parte importante de la segunda.

Para escuchar

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Cuando un resultado depende de varias partes de la empresa, podés ser responsable de que algo suceda sin tener autoridad directa sobre todo lo necesario para conseguirlo. En el audio profundizamos sobre cómo trabajar con esa tensión cuando gestionar mejor lo que controlás ya no alcanza.

Para ver

Para escuchar

En el video recorremos la contradicción que está detrás de este cambio: las empresas continúan organizándose por áreas, mientras muchos de sus desafíos más importantes dejaron de pertenecer a una sola.

El recorrido permite ver cómo esa tensión modifica progresivamente el trabajo del líder: desde reconocer que el resultado depende de otras partes de la empresa hasta entender por qué responder con más seguimiento, más control o más involucramiento dentro del propio equipo puede dejar intacto el problema.

Gestionar bien tu equipo sigue siendo parte del trabajo. El cambio es que cada vez más resultados importantes dependen también de lo que sucede fuera de él.

Por eso, ampliar tu capacidad de liderazgo no significa dejar de gestionar lo que está bajo tu responsabilidad. Significa reconocer cuándo el problema que necesitás resolver es más grande que el espacio sobre el que tenés autoridad y empezar a trabajar también sobre aquello que necesita suceder entre distintas partes de la empresa.

Para llevarte

Pensá en los tres problemas más importantes en los que estás trabajando hoy: ¿cuántos terminan realmente dentro de tu área?

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